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El virus que nos separó

  • Lucía Reguilón
  • 15 mar 2020
  • 2 Min. de lectura

Estamos viviendo un acontecimiento mundial que solo nuestros mayores recordarán en magnitud. Un virus, el COVID-19, que precisamente los ataca a ellos hasta fulminarlos, nos ha paralizado. Desde ayer, estamos confinados en nuestras casas y en el país se ha decretado el estado de alarma.


La gravedad del momento hace necesario que estemos en nuestras casas para evitar los picos de infecciones y que nuestro sistema sanitario, excelente, no colapse. El día 8 de marzo hablaba de cómo en Verín lo habían defendido con uñas y dientes y hoy nos muestran su valor, son oro. Como ellos, todas aquellas personas que siguen al pie del país para que sigamos teniendo comida: fábricas productoras, transportistas, personal de supermercados, industrias de abastecimiento; para que estemos informados, periodistas; para que todo esté desinfectado, personal de limpieza; que no falten fármacos, farmacéuticos; que se cumpla el confinamiento, fuerzas de seguridad, bomberos... un sin fin de personas que están trabajando para que no nos falte de nada y se mantenga el orden.






Estamos recluidos en casa, ¿pero cómo lo estamos?: con comida, con libros, películas, conexión a Internet y redes sociales, entre otras cosas. Ellas están siendo la ventana al mundo. Y en ellas se está volcando nuestro ingenio, nuestras habilidades, nuestros miedos, sentimientos, nuestro saber... Gracias a ellas, al teléfono o las videoconferencias, podemos vernos, escucharnos, enviarnos besos, llorar y reír. Este es el momento de utilizarlas y sacar todo el partido que tienen. Tratad de compartir cosas bonitas, hay muchísimo contenido, cada uno de lo que le guste y hagamos de las redes un sitio bonito en el que estar estos días.


No suplen a los abrazos, a los besos, al contacto físico, a los cafés, a las cañas a los vinos, a una buena conversación. Por eso, cuando todo esto haya pasado, recordad levantar la vista de las pantallas y de todo lo que pasa cuando nuestros ojos no salen de ellas.

La tecnología es nuestra mayor aliada, pero no puede suplir el contacto humano. Es momento de aprovechar estos días las pequeñas cosas. Todos estamos agobiados, quien no, pero todo pasa.

 
 
 

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